Ads 468x60px

lunes, 10 de febrero de 2014

El día que llegó mi bruja mayor (parte 1)

La bruja mayor va a cumplir cuatro años dentro de una semana y este blog tiene ya más de tres y medio y sin embargo en todo este tiempo no he encontrado el momento de dejar por escrito como fue el día que por fin llegó a mis brazos, así que creo que o me pongo ya o ya no lo haré y teniendo en cuenta que este blog en parte está hecho para que ellas puedan leerlo en un futuro voy a empezar ahora mismo.

Era el 16 de febrero de 2010, hacía cinco días que había salido de cuentas y yo ya estaba empezando a desesperar, sabía que en cualquier momento mi niña llegaría pero ese momento se me estaba retrasando demasiado. Yo no notaba nada raro, nada que me hiciera pensar que estaba cercano el momento, tampoco tenía ni idea de lo que debería notar, ni idea de lo que era una contracción, ni idea de lo que iba a ser dar a luz, ni idea de lo que me esperaba.

Había leído mucho sobre bebés pero nada sobre partos, si en algún momento alguien me habría preguntado por qué la respuesta hubiera sido que si las mujeres llevamos miles de años haciéndolo no podría ser tan difícil, pero ahora pienso que un poco más de información sobre el tema me habría hecho aquellas horas más llevaderas.

Como decía era el día 16, el papá de las brujas tenía consulta con la neuróloga esa mañana y yo iba a acompañarle. Tenía puesto el despertador pero me levanté un buen rato antes porque me noté mojada, fui al baño y vi un hilillo de líquido bajar por mi pierna, me asusté un poco, lo desconocido siempre asusta un poco, y fui donde papá que todavía no se había levantado a decirle que nos íbamos ya, ya que él tenía la consulta en el hospital matábamos dos pájaros de un tiro. Me duché y me preparé pero me pareció que ya no me mojaba más así que decidí que íbamos a su consulta y ya vería si entrábamos en urgencias o no. Yo me encontraba bien, algo rara pero igual que los días de atrás y claro yo pensaba que una rotura de bolsa era algo espectacular como en las películas, así que pensé que el peso de la niña había hecho que se me escapara algo de orina.

Me recuerdo perfectamente en la consulta de la neuróloga diciéndome que yo debía estar para ya y yo diciendo que sí, que esperaba que ya pronto, pero no pensaba que tan pronto...

Volvimos para casa, no quise quedarme allí, pero volvíamos en el autobus y yo me sentía extraña, no tenía ningún indicio de que fuera a parir (a parte de un tripón de 41 semanas), no me dolía nada, no había contracciones ni nada que yo pudiera pensar que era una contracción, pero no estaba muy católica, es más recuerdo que bajamos y me dijo papá que si quería pasar a comprar algo que yo había dicho que necesitábamos pero le dije que quería ir a casa, que no me encontraba bien.

Comimos y me eché en el sofá, estaba nerviosa, papá entraba a trabajar a las cuatro y le dije que se fuera pero que era probable que le llamara para decirle que me iba al hospital.

Me quedé sola y empecé a ponerme un poco nerviosa. Intenté dormirme un poco pero era imposible, había pasado una hora más o menos desde que estaba sola cuando fui al baño y me di cuenta de que algo ya no era como los días anteriores, al limpiarme vi que estaba expulsando lo que creí que era el tapón mucoso (de hecho lo era). No sabía que hacer, no quería pecar de primeriza histérica pero sentía que en casa no tenía sentido que me quedara.

No quise llamar a nadie, ni a papá, ni a mi familia, ni a nadie, sólo llamé a un taxi, cogí mi bolsa y me fui para el hospital. No debía tener pinta de ir a parir porque el taxista estuvo dándome conversación todo el viaje (un viaje de menos de diez minutos que me costó 12€!! no sé porque pero todavía lo recuerdo) y yo iba pensando que me había precipitado, que no debería haberme puesto nerviosa y que mejor me habría quedado en casa. Le pedí al taxista que no me dejara en la puerta de urgencias sino en la de entrada al hospital, quería pensar, estuve a punto de darme la vuelta y montarme en un autobús camino a casa pero en el último minuto decidí rodear el hospital e ir a urgencias.

Recuerdo muchísimo frío, el cielo estaba totalmente despejado pero venía el viento desde las montañas nevadas y me dejaba la cara paralizada, no había nadie por la parte trasera del hospital y yo creo que los coches que pasaban me miraban como si fuera una loca con los pelos revueltos y una maletita paseando por un paraje desolado.

Entré al hospital y le dije a la chica de admisión "creo que tengo contracciones", no las había tenido o por lo menos yo no las había notado, pero... qué iba a decirle? me he vuelto loca y creo que algo está empezando a suceder? Yo todavía seguía pensando que no tenía que haber ido...

Vino una celadora y me acompañó a la consulta de la ginecóloga...

Está historia se está haciendo demasiado larga para un post, así que tendré que continuar mañana ;-)

4 comentarios:

  1. Hay nos dejas en ascuas...
    Mañana sigo ;)

    ResponderEliminar
  2. Te sigo pero es la primera vez que escribo, siempre me emocionan los relatos de partos, sean como sean!. Espero ansiosa la continuación

    ResponderEliminar
  3. oye eso no se hace, dejarnos así, llevo días esperando la segunda parte! donde esta! jejee

    ResponderEliminar

 

Sample text

Sample Text

 
Blogger Templates