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miércoles, 19 de febrero de 2014

El día que llegó mi bruja mayor (parte 2)

Como iba diciendo una celadora me llevó a la consulta de la ginecóloga. Primero llegó una matrona a la que le expliqué que había empezado a echar el tapón mucoso y que me sentía rara, fue muy agradable y me dijo que iba a llamar a la ginecóloga.

Estaba yo allí esperando muy nerviosa cuando entró la ginecóloga que ya de buenas a primeras no me dio buena impresión, le conté lo mismo que a la matrona y me dijo que no tenía que haber ido, que desde que es expulsa el tapón hasta que empieza el parto pueden pasar días y que me iba a mandar para casa. Yo, como una niña pequeña totalmente insegura de su decisión sentí el impulso de justificar el porqué había ido y es cuando le dije que llevaba mojando desde las siete de la mañana. Aún así ella seguía con cara de "no tenías que estar aquí, eres una histérica" pero decidió mirarme y ponerme una tira para ver si había roto o no la bolsa, pero por puro protocolo... Se dio la vuelta para ver el resultado y sin mirarme a la cara me dijo que me quedaba, que ahora vendría una matrona y se fue.

No sé ni como me sentí en aquel momento, por un lado me había dolido tanto que me tildaran de histérica cuando de verdad tenía que estar ahí, me sentí tan mal por no haber confiado en mi instinto de que el momento estaba llegando, si era mi cuerpo y yo no quería creerle por opiniones ajenos a mí!! Cuando pienso en aquel momento es cuando entiendo lo que quieren decir cuando hablan del empoderamiento de la mujer.

Volvió la matrona y me llevó a una salita de monitorización, me tumbé, me pusieron las correas y allí estuve un buen rato, tuvo que pasar más de una hora, fue un momento eterno en el que aproveché para llamar a papá para que viniera y a mi madre para decirle que ya estaba allí pero que todavía no vinieran que podía pasar mucho rato y no quería tenerles allí hasta las tantas de la madrugada. Eran las seis y yo hablaba de que la niña igual no nacía hasta las doce de la noche... Por Dios! Qué ilusa!!

Salí de allí con la celadora camino a la habitación que me habían adjudicado y allí estaba papá esperándome, recuerdo que me dijo que no esperaba que saliera andando, éste estaba todavía más desorientado que yo. Llegamos a la habitación y fue entonces cuando fui consciente por fin de lo que iba a suceder, estábamos allí los dos expectantes, totalmente perdidos, no sé quien de los dos más nerviosos, pero poco duró la paz en la habitación... En muy poco rato aparecieron por allí mis suegros, yo no quería allí a nadie que no fuera el padre de mi hija pero no estaba con ganas de discutir y papá que era el que tenía que haberles mandado a todos a casa estaba totalmente atontado. Me estaba agobiando, estaban comenzando las contracciones y yo quería una tranquilidad que no tenía, en cierto momento entró una enfermera y yo creo que me vio tan agobiada que decidió llevarme a la sala de dilatación a monitorizarme sólo para que me relajara.

Pero las contracciones iban muy despacio y yo no había dilatado más de 1cm así que tuve que volver a la habitación, y cuando llegué se me desencajó la cara. Ya no sólo estaban allí mis suegros, no, habían llegado también mis cuñados y yo quería estar sola!! No quería a nadie diciéndome tonterías, ni preguntándome que tal estaba, no quería a nadie!! Y allí estaban, habían puesto la tele porque jugaba el Madrid (lo recuerdo a la perfección) y se estaban comiendo un bocata!! Vamos, lo que necesitaba una parturienta...

Poco a poco las contracciones se iban haciendo más fuertes, no sé si realmente eran fuertísimas o es que nunca jamás me las hubiera imaginado así pero me daban calambres que me atravesaban todo el cuerpo, así que sobre las once de la noche llamé a una enfermera porque ya no podía más y me bajaron de nuevo a la sala de dilatación ya para dejarme allí. Los dolores eran tremendos pero yo no había pasado de los dos centímetros de dilatación, aquello iba a ser eterno pero yo no lo sabía.

No sé cuanto tiempo había pasado pero cuando el matrón me preguntó si quería la epidural casi se la rogué. Me recuerdo perfectamente sentada en aquella camilla en el quirófano, la anestesista detrás de mí pidiéndome que no me moviera (como si fuera posible) y el celador intentando inmovilizarme con un olor a tabacazo insoportable. Tres pinchazos fueron necesarios para que pudiera ponérmela!

En el momento en que me hizo efecto pude al fin relajarme y descansar un poco, al menos durante unas horas, sobre las cinco de la madrugada el efecto empezó a desaparecer y aquello fue peor todavía, sólo tenía dormida la parte izquierda del cuerpo y las contracciones me atravesaban de una manera difícil de explicar. En aquellos momentos pasaron por mi cabeza muchísimas cosas que prefiero no contar porque siento vergüenza sólo de recordarlas, sólo sé que en aquel momento entendí porque los torturados dicen lo que sea sólo por parar el dolor.

Hubo un momento que inclusó vomité, supongo que un efecto de la anestesia, parecía la niña del exorcista, vomitada por un lado y desangrándome por otro, papá me miraba con una cara que no sé si era de pena, de miedo o de qué, pero si no salió despavorido en ese momento creo que hay papeletas para que no salga en ningún otro.

Estaba ya amaneciendo, entró la matrona del turno nuevo, cuando ya la cosa avanzó, hay un lapsus de tiempo del que no tengo consciencia, pero sí recuerdo que papá y ella vieron su cabecita que le quedaba poco por salir. "Es muy rubita" recuerdo que dijo la matrona. Y ya pasamos al quirófano donde con unos cuantos empujones salió rápidamente y la noche más horrible de mi vida dio paso a la mañana más feliz de mi vida y por fin tuve a mi pequeñita en brazos exactamente a las nueve de la mañana.

Antes de ayer hizo cuatro años de esto y hay cosas que tengo en la cabeza como si hubiera sido la semana pasada, su olor de recién nacida nunca se me olvidará, ni esa sensación de estar totalmente perdida. Afortunadamente 28 meses después pude revivir la experiencia aunque a penas tuvo nada en común, pero eso es historia para otro día.

1 comentarios:

  1. Cuanto se sufre en los partos, verdad??? Pero luego los recordamos con una sonrisa en la boca...
    Menuda habitación te habian preparado la familia politica!!! Que poco tacto...

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