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miércoles, 23 de abril de 2014

El vestido rojo

Cuando yo era una niña de más o menos seis años tenía un vestido rojo precioso, un vestido de gasa de esos que te hacen sentir como una princesa a esa edad. Fue un capricho de mi madre que mi tía me regaló, un vestido de esos caros que se convierten en "el vestido" porque no pueden competir con nada de lo que uses a diario.

Lo recuerdo a la perfección porque mi madre me llevó al fotógrafo a hacerme unas fotos con él, con el vestido y un lazo rojo plantado a un lado de la cabeza sustituyendo al azul marino que normalmente llevaba con el uniforme, la verdad es que veo esas fotos y me veo guapísima. El tema es que sólo recuerdo haberlo llevado ese día y uno más en el que mi madre no me dejó hacer absolutamente nada para que no se me estropeara, tengo perfectamente nítido en mi cabeza el momento en que me echaba la bronca por sentarme en un bordillo con mis amigos. Creo que no me lo volvió a poner.


Como era de esperar el vestido dejó de valerme (¿quién mandará a los niños crecer?) y mi madre sacó el vestido del armario y decidió dárselo a una de mis primas, recuerdo que no fue a la que normalmente daba la ropa que dejaba de valerme porque según ella estaba tanto en la calle que lo iba a destrozar en dos días y se lo dio a otra, a otra que seguro que lo aprovechó mucho más que yo y que también se sentía una princesa con mi vestido.

Esta historia se la he recordado mil veces a mi madre y ella siempre se enfada, pero seguiré haciéndolo, es algo superfluo y frívolo pero a mí me fastidia muchísimo no haber podido disfrutar de algo que me gustaba y que era mío para que no se estropeara y acabara disfrutándolo y estropeándolo otra persona.

Y esa es una de esas cosas que no pienso repetir con mis hijas, y no me refiero sólo a la ropa, que también, puesto que les dejo jugar donde quieran  indistintamente de la ropa que lleven puesta, me importa que ellas disfruten y no tener que lavar una cosa u otra, si no que me refiero a todo lo que puedes hacer y disfrutar hoy y a veces dejas porque ya habrá tiempo y luego no llega nunca el momento.

Si esta tarde hace buen día y podemos ir al campo no pienso de dejar de hacerlo porque ahora van a venir muchos días buenos, no, tal vez en esos días buenos surjan mil cosas. Si alguien les regala algo que les gusta no se lo voy a guardar para que no lo rompan y sacarlo dentro de dos años porque tal vez dentro de dos años tengan otras cosas y esto ya no les guste. Si hoy podemos aprovechar y quedarnos las tres disfrutando en la cama hasta las diez lo haremos porque tal vez mañana no tengamos la oportunidad.

Tengo claro que no voy a dejar pasar las cosas porque ya habrá tiempo porque tal vez no lo haya. 

Y lo guapa que estaba yo con ese vestido mamá, qué?

miércoles, 9 de abril de 2014

Odio los parques de bolas

Ayer tuvimos la celebración trimestral de los cumples del cole, y tal como había previsto me resultó un auténtico horror.

De verdad, no sé quien ideó eso que se llama parques de bolas pero tenía muy mala leche, muy mala leche y mucha visión de negocio eso está claro, porque los precios de estos sitios... 15€ me dejé allí con las dos en dos horas y a la pequeña no la pusieron merienda. Que me pregunto yo, qué necesidad tenía de gastarme eso en una tarde sin más.

El concepto de diversión que se vende en estos sitios no me gusta nada, 40 niños metidos en jaulas saltando y gritando sin parar no me parece ni sano. Mucho rollo con hacer los cumpleaños conjuntos para que estén todos los de la clase y al final vamos a un sitio donde cada uno va jugando a su bola y como mucho con sus amigos de parque de diario. Hacer una actividad conjunta ahí dentro es totalmente imposible...

Por otro lado yo no soy capaz de relajarme ahí, también es verdad que yendo con la pequeña tengo que estar con mil ojos para que no acabe debajo de veinte niños más mayores, porque por muy acolchado que esté todo yo no veo más que peligros por todos lados. El tema del aforo es otra de esas cosas que me rallan... supongo que hay un número máximo de niños que pueden entrar pero una vez que están dentro quién controla que no estén todos en la misma "piscina", es acaso posible dividirles equitativamente para que cada uno tenga su espacio vital no invadido?? Yo he visto avalanchas de personitas contra un fondo de pelotas que me han agobiado mucho.


Luego está el tema de las meriendas, en el momento álgido se les dice que tienen que salir para merendar, claro... cuando están más nerviosos vas tú les cortas todo el rollo para sacarles unos bocadillos más secos que la mojama y pretendes que se los coman!! ja, ja y ja. Y más cuando en la misma bandeja de los bocatas les dejas su sección de chuches y su batido de chocolate... lo dicho, todos los bocadillos con algún mordisco suelto, o a la basura o al buche de los progenitores que pululamos por allí viendo "qué monos" son nuestros niños... Vamos, que el tema de la merienda se podría obviar totalmente y llevarles ya merendados.

A los padres generalmente se nos acina en "la cafetería" a no ser que seas una pringadilla como yo que no tengas con quien dejar a la pequeña y no puedas salir de la zona de juegos. Una cafetería en la que tienes que gritar como en cualquier garito a las tres de la madrugada y en la que por supuesto te cobran las cervezas como si fuera un bar de copas, total saben que tres meses después estarás allí de nuevo por cojones. Por supuesto ya no vamos a hablar de que tienes que compartir ese momento cervezas con gente que en cualquier otro momento de tu vida no lo harías ni de coña, porque vamos a ser sinceros... hay otros padres con los que congenias a la perfección y con los que te lo pasas hasta bien (ayer el papá de las brujas me dijo que tenía pendiente una cerveza con otros dos padres para terminar una conversación de fútbol que habían dejado a medias), pero otros... mejor no sigo.

Llega el momento de irse y tus hijos están poseidos, no hay forma humana de sacarles de ahí sin amenazas, chantajes o berrinches varios. Por fin salen con una sudada que ni en una sesión de spinning y tú pensando cuántos virus nuevos pulularán en ese momento por su organismo y cuántas bajas va a haber en clase en los próximos días. Y vuelta para casa donde todavía queda lidiar con los baños, cenas (o colacaos en mi caso) y cuentos antes de dormir...

Ayer volvíamos en el autobús, la bruja mayor y su amiga sentadas juntas con un aspecto que yo las visualizaba perfectamente volviendo con la misma apariencia dentro de diez años de San Fermín en un autobús similar...

Lo dicho, LO ODIO

lunes, 7 de abril de 2014

El valor del dinero

Ayer estuvimos los cuatro en un espectáculo infantil como parte de la celebración de mi cumpleaños, lo pasamos muy bien, las brujas y yo ya habíamos visto a este grupo en invierno y ya sabía que les gustaba así aprovechando que venían en domingo nos apuntamos los cuatro. Pensábamos que íbamos a estar solos pero nos encontramos en la fila con una de las amiguísimas de la bruja mayor y se pusieron juntas, con lo que se lo pasaron mejor todavía.

El espectáculo que vimos fue "Las Zascanduri", yo siempre lo recomiendo a quien me lo pregunta porque tiene un precio asumible (6,50€, más barato que el cine) y está muy currado, con canciones originales (alguna es popular, pero las menos), una escenografía cuidada y ambientado en el mundo de los duendes que cuidan el medio ambiente, cosa que a los peques les gusta. Pero como en todo hay algo que no me gusta...

Supongo que al poner el precio de las entradas barato, hay que sacar dinero de otro lado, y aquí lo que hacen es un descanso en mitad del espectáculo para vender sus CDs y DVDs, y este es el típico momento en que hay que negociar.



La bruja mayor tiene cuatro años y como es normal lo quiere todo, y como no podía ser de otra forma también quería subirse al escenario y comprar lo que fuera que vendían las duendes, yo desde un principio le dije que no íbamos a comprarlo porque había llevado sólo el dinero para comprar un helado a la salida y se quedó conforme (bueno, más o menos conforme) pero cuando vio que su amiga si convencía a su padre de comprarlo ya cambió la cosa, ya no quería un helado sino lo que fuera que vendían ahí (que yo creo que no tenía nada claro lo que era) y la flor luminosa que daban con la compra. Bueno, lo que ella quería en realidad era esa flor, una chinada que estoy segura de que hoy ya no funcionaría...

El espectáculo siguió pero ya no lo disfrutó como la primera parte porque estaba con ese runrun en la cabeza. Cuando terminó nos despedimos de las amigas y fuimos caminando para casa, parando como le había prometido a comprar un helado. La cosa es que ya el cansancio de todo el fin de semana (no hemos parado) a última hora hizo mella y yo acabé enfadándome con la pequeña que en su afan de tirarse y ponerse de pie en la silla fue con la cabeza a una pared, y la mayor volvió a sacar lo que le pasaba.

Estoy segura de que esto a la una del mediodía no hubiera pasado, que se juntó todo, pero llegamos a casa y se puso a llorar porque "estoy triste y no sé por qué", triste y agotada diría yo...hablando con ella conseguí que me dijera que estaba triste porque ella también quería el DVD y la flor, y claro ahí es cuando tuve que empezar con la explicación de porque no podía comprarlo. Que si eso valía mucho dinero y no podía pagarlo porque yo trabajo pocas horas, no quise meterme en que trabajo pocas horas para poder estar muchas horas con ellas porque me daba la sensación de que podía parecer echarles la culpa cuando es decisión mía, que nosotros habíamos comprado cuatro entradas para ir a ver el espectáculo y que como su amiga sólo habían comprado dos por eso podían comprarlo, aquí me dijo que entonces teníamos a haber ido las dos solas y que papá y la pequeña se quedaran en casa y yo le constesté que quería que los cuatro lo pasáramos bien,... Pero yo no sabía que más argumentos sacar.

Al final se durmió, aunque se durmió llorando y yo sigo con la cosa en mi cabeza de cómo puedo hacer para que entienda que no todo se puede comprar y porqué.

He de reconocer que les compró muchas más cosas de las que realmente son necesarias pero es que tengo claro que también nosotros (su padre y yo) tenemos cosas y consumimos cosas que no son necesarias, pero hay otras cosas como lo de ayer que me niego a comprar porque sé que vamos a comprarlo y que va a quedar en casa sin ser usado y aunque no nos falte para comer en nuestra situación actual no estamos para tirar el dinero. Además que educativamente creo que no es bueno comprarles algo que simplemente se les ha puesto en bandeja a sabiendas de que no van a hacerle ni caso.

Por otro lado, yo tengo dos hijas y esto supone comprar el doble de caprichos, de momento la pequeña no pide pero no tardará en hacerlo y como todos sabéis no es lo mismo organizar una actividad de este tipo para un niño que para dos (y qué contar de los que tenéis 3 ó 4). Si yo quiero ir al cine, o a cenar o a un parque de bolas con ellas a mí me supone el doble que si sólo fuera con una y eso al final se traduce en mucho dinero y no puedo, no puedo y en algunas ocasiones no quiero.

No pensé que este tema me iba a agobiar pero la verdad es que llevo toda la mañana dándole vueltas, menos mal que a la tarde bajaremos al parque... que es gratis!!

miércoles, 2 de abril de 2014

35



Tengo el bizcocho en el horno y a mi bruja pequeña a mi lado viendo Peppa Pig, de momento la mañana va bien. Hoy es un día especial pero seguiría siendo un día como cualquier otro de no ser porque la mayor me ha despertado con un regalo y un besazo de cumpleaños, qué más puedo pedir, no?

Esta tarde soplaré las 35 velas, bueno, soplaré un 3 y un 5 porque no tengo fuelle para tanto. Serán las primeras velas que me ayuden las dos a soplar, la pequeña lleva días ensayando con tanto cumpleaños a los que ha ido estos últimos meses.

35. Pufff. Parece increíble que cuando nació la bruja mayor tuviera 30. Estoy espesa, por un lado no me creo que haya pasado este tiempo pero si me miro al espejo no hay ninguna duda, el tiempo pasa y se nota, da igual que el papá de las brujas me diga que soy la mamá más guapa del parque, se lo agradezco pero sé que el tiempo hace mella en nosotros y aunque yo siga viéndome como una chavalita soy consciente de que el tiempo de muchas cosas ya pasó.

Ya inmersa en el segundo tercio de mi vida puedo decir que soy feliz y eso es lo importante. A pesar de que haya días malos de los que dejo constancia en este blog, la mayoría son momentos estupendos en los que puedo disfrutar de esta pequeña familia que hemos creado y no pido mucho más.


El fin de semana haremos algo especial, el sábado cenaremos algo por ahí y para el domingo tengo unas entradas para un espectáculo infantil que sé que las niñas van a gozar.
 

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