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jueves, 24 de septiembre de 2015

Aburrirse

En más de una ocasión he leído que es bueno que los niños se aburran, que es importante que no llenemos todos los huecos de su día a día para que ellos aprendan a gestionar su “tiempo libre”, para que la imaginación cumpla su función y ellos solitos hagan por salir de ese aburrimiento. Pero... ¿para los adultos funciona igual? ¿también son buenos los momentos de aburrimiento?

Yo llevo muy mal esos días de no hacer nada, esos días que te levantas con el pie izquierdo y no te apetece hacer nada, porque por tener tendrías mil cosas que hacer pero no te apetece y si no es una obligación ahí se queda.

Recuerdo que de niña pasábamos muchas tardes en casa (muchas más de las que pasan ahora mis hijas) y no recuerdo a mis padres proponiéndome actividades ni jugando conmigo. Estábamos en casa, ellos hacían sus cosas y mis hermanos y yo por ahí andábamos, supongo que habría ratos que nos aburríamos pero recuerdo perfectamente que muchos ratos me entretenía yo sola, había una cosa con lo que me pasaba tardes enteras: haciendo revistas de pasatiempos, no es que tuviera revistas y yo resolviera los pasatiempos sino que me inventaba sopas de letras, jeroglíficos y demás, ya veis... todos tenemos lo nuestro! Jajaja

Las brujas ahora empiezan a entretenerse ellas sin necesidad de que estemos ni su padre ni yo y me alegro muchísimo porque hay días que ponerme a jugar me cuesta un mundo. No me entendáis mal, me gusta poder pasar tiempo juntas, les ayudo a lo que sea y les preparo lo que quieran pero me cuesta entrar en el juego, por ejemplo si quieren pintar con pinceles o hacer plastilina no tengo ningún problema en prepararles la mesa ni recoger luego los desperfectos pero no quiero pintar ni hacer figuritas.

Otros días sin embargo preparo manualidades o actividades y las hacemos las tres juntas pero el ánimo de una no puede ser siempre igual.

Ayer fue un día un poco chunguillo para mí, yo no me encontraba muy allá y decidimos pasar la tarde en casa, las niñas se montaron un camping y luego estuvieron con las acuarelas, yo me moría de aburrimiento, incluso me puse la tele para ver si había algo que me entretuviera y era todo para llorar... me paseaba de un lugar a otro de la casa para ver si había algo que me llamara, menos mal que no tenía chocolate porque me hubiera comido una tableta entera. Me acordaba de los largos meses de embarazo de la bruja mayor en el que me tuve que coger una baja obligada muy pronto y me pasaba las tardes sola, me dio un bajón...

Esta mañana lo comentaba con unas amigas y estoy segura de que soy carne de cañón para sufrir lo que llaman el “síndrome del nido vacío” pero mucho antes de que se vayan de casa, en el momento que vayan y vengan solas pasando de mí sé que voy a ser la madre plasta que estará encima simplemente porque se aburre. ¡Qué pena de mí! Menos mal que otra de mis amigas se ve igual y tendremos que buscarnos planes juntas, apuntarnos a hacer yoga, punto y esas cosas.

Y es que no hay día que no diga que necesito tiempo para mí, que quiero ratos sola y cuando los tengo me viene genial. Pero una cosa es tener tus ratos y otra tener muchos ratos. Lo digo por experiencia.

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